CAPÍTULO 3: EL SUEÑO QUE ESCONDÍ DURANTE AÑOS… POR MIEDO A QUE SE RIERAN DE MÍ

Cuando hice aquella promesa bajo el árbol de mango, todavía era una muchacha que apenas comenzaba a descubrir quién quería ser.

Mi cuaderno azul ya se había convertido en mi mayor tesoro.

Cada noche escribía una página nueva.

No importaba si había sido un buen día o uno difícil.

Siempre encontraba algo que contar.

Pero había una página diferente a todas las demás.

Una página que doblé cuidadosamente para que nadie pudiera leerla por accidente.

Ni siquiera mi abuela.

En ella escribí el sueño más grande que había tenido hasta ese momento.

No era un sueño de riquezas.

Tampoco de fama.

Lo que realmente quería era demostrar que una muchacha del campo podía construir una vida extraordinaria sin olvidar sus raíces.

Quería viajar.

Conocer personas.

Escuchar historias diferentes.

Y, algún día, regresar al mismo pueblo para compartir todo lo que hubiera aprendido.

Cada vez que releía esas palabras, sentía una mezcla de emoción y miedo.

Me preguntaba si realmente era posible.

En el pueblo casi todos pensaban parecido.

Estudiar.

Trabajar.

Formar una familia.

Y quedarse allí para siempre.

No había nada malo en eso.

Era una vida honesta.

Pero dentro de mí había una voz que repetía constantemente que todavía quedaban muchos caminos por recorrer.

Nunca hablé de ese sueño.

Tenía miedo de que alguien dijera que estaba imaginando cosas imposibles.

Así que preferí guardarlo entre las páginas del cuaderno.

Allí nadie podía juzgarme.

Durante meses seguí escribiendo en secreto.

Mientras ayudaba en la casa, imaginaba cómo sería conocer otros lugares.

Cuando caminaba entre los cultivos, inventaba conversaciones con personas que aún no existían en mi vida.

Mientras miraba el cielo lleno de estrellas, me preguntaba si algún día tendría el valor de dar el primer paso.

Mi abuelo siempre decía que los sueños necesitan paciencia.

Mi abuela decía que necesitaban valentía.

Con los años descubrí que ambos tenían razón.

Una tarde, mientras ordenaba mi habitación, encontré un mapa viejo que había pertenecido a mi padre.

Lo extendí sobre la mesa y empecé a observar cada ciudad marcada.

No sabía casi nada de esos lugares.

Pero algo dentro de mí despertó.

Por primera vez entendí que el mundo era muchísimo más grande que el pequeño pueblo donde había nacido.

Esa noche escribí durante horas.

Llené varias páginas hablando de todos los sitios que soñaba visitar.

También escribí una frase que todavía conservo.

«No quiero que el miedo decida por mí.»

No imaginaba que esa frase terminaría acompañándome durante muchos años.

A partir de entonces comencé a hacer pequeños cambios.

Leía más.

Preguntaba más.

Escuchaba con atención las historias de las personas mayores.

Cada experiencia se convertía en una nueva página del cuaderno.

Con el tiempo comprendí que los sueños no empiezan cuando uno se marcha.

Empiezan mucho antes.

Empiezan el día en que uno decide creer que son posibles.

Aun así, todavía me faltaba enfrentar la prueba más difícil.

Había alguien a quien necesitaba contarle toda la verdad.

Una persona cuya opinión significaba mucho para mí.

Durante semanas ensayé las palabras.

Pero cada vez que llegaba el momento, me quedaba en silencio.

No encontraba el valor suficiente.

Hasta que una mañana ocurrió algo inesperado.

Algo tan simple como una conversación cambió completamente mi manera de pensar.

Esa conversación me enseñó que el miedo puede hacernos perder oportunidades que jamás vuelven a presentarse.

Y fue precisamente ese día cuando tomé la primera gran decisión de mi vida.

Una decisión que marcó el comienzo de un camino completamente diferente.

Todavía recuerdo cómo cerré el cuaderno azul después de escribir aquella última página.

Lo abracé contra mi pecho.

Miré el amanecer sobre las montañas.

Y, por primera vez, sentí que mi historia apenas estaba comenzando.

Pero la verdadera aventura empezó unos días después…

En el Capítulo 4 te contaré qué ocurrió la mañana en que reuní el valor para contar mi sueño y por qué esa conversación cambió mi destino para siempre.

Scroll al inicio