CAPÍTULO 4: EL DÍA QUE POR FIN CONFESÉ MI SUEÑO… Y LA RESPUESTA CAMBIÓ MI VIDA PARA SIEMPRE

Aquella mañana me desperté mucho antes de que saliera el sol.

No pude dormir bien.

Durante toda la noche estuve pensando en las mismas palabras.

Una y otra vez.

Sabía que había llegado el momento de decir en voz alta aquello que llevaba años escondido entre las páginas del cuaderno azul.

Hasta entonces, solo el papel conocía mi mayor sueño.

Nadie más.

Ni mi familia.

Ni mis vecinos.

Ni siquiera mi abuela, que era la persona en quien más confiaba.

Tenía miedo.

No miedo de fracasar.

Miedo de que alguien me dijera que estaba perdiendo el tiempo.

En los pueblos pequeños todos tienen una opinión.

Y muchas veces esas opiniones pesan más de lo que deberían.

Mientras preparaba el café, observé por la ventana cómo el sol comenzaba a iluminar los campos.

Todo parecía igual que siempre.

Los gallos cantaban.

El viento movía las hojas de los árboles.

Los vecinos comenzaban sus labores como cualquier otro día.

Pero para mí, ese no era un día cualquiera.

Sentía que algo estaba por cambiar.

Después del desayuno caminé hasta el viejo árbol de mango.

Llevaba el cuaderno abrazado contra mi pecho.

Me senté bajo su sombra y abrí la página donde había escrito mi sueño años atrás.

La tinta ya no era tan oscura.

Algunas palabras estaban desgastadas.

Pero el deseo seguía intacto.

Mientras releía aquellas líneas escuché unos pasos.

Era mi abuelo.

Se sentó a mi lado sin decir una sola palabra.

Permanecimos varios minutos en silencio.

Como si ambos supiéramos que algo importante estaba por suceder.

Finalmente respiré profundo.

Le mostré el cuaderno.

Mis manos temblaban.

Pensé que iba a decirme que dejara de imaginar cosas imposibles.

Pensé que sonreiría con lástima.

Pensé que me pediría ser más realista.

Pero ocurrió exactamente lo contrario.

Leyó cada página con calma.

Cuando terminó, cerró el cuaderno con mucho cuidado.

Me miró directamente a los ojos.

Y me hizo una pregunta que jamás olvidaré.

—¿Qué es lo peor que puede pasar si lo intentas?

Me quedé en silencio.

Nunca había pensado en esa pregunta.

Siempre había imaginado todo lo malo que podía ocurrir.

Nunca me había detenido a pensar que quizá las cosas también podían salir bien.

Mi abuelo sonrió.

Me dijo que el miedo siempre intenta convencer a las personas de quedarse donde están.

Porque es más cómodo.

Más seguro.

Pero también más triste.

Luego señaló el horizonte.

—¿Ves esas montañas?

Asentí.

—Cuando era joven también pensaba que el mundo terminaba allí.

Hasta que un día descubrí que detrás había muchos caminos esperándome.

Aquellas palabras se quedaron dando vueltas en mi cabeza durante horas.

Regresé a casa diferente.

No porque mi sueño se hubiera cumplido.

Sino porque, por primera vez, alguien había creído en él.

Esa noche escribí una nueva página.

No hablaba de dudas.

No hablaba de miedo.

Escribí una sola frase.

«Hoy alguien creyó en mí antes de que yo misma aprendiera a hacerlo.»

A partir de ese momento comencé a cambiar pequeños hábitos.

Levantaba más temprano.

Leía todo lo que podía.

Anotaba nuevas ideas.

Observaba el mundo con otros ojos.

Ya no esperaba el momento perfecto.

Entendí que ese momento nunca llega.

Los días comenzaron a pasar.

Y sin darme cuenta, aquella muchacha tímida empezó a sentirse más segura.

No porque supiera exactamente qué iba a pasar.

Sino porque entendió que vale más intentar un sueño que vivir preguntándose qué habría pasado si nunca lo hubiera intentado.

Sin embargo…

La vida todavía tenía preparada una sorpresa.

Una tarde, mientras caminaba por el mismo sendero donde tantas veces había escrito mis pensamientos, encontré algo inesperado.

Era un sobre antiguo.

Estaba apoyado sobre uno de los postes de la cerca.

No tenía remitente.

Solo llevaba escrita una frase con tinta azul.

«Para La Rubia. Ábrelo cuando estés lista para cambiar tu vida.»

Sentí un escalofrío.

Miré a mi alrededor.

No había nadie.

Tomé el sobre entre mis manos.

Durante varios minutos dudé si abrirlo o llevarlo a casa.

No tenía idea de quién lo había dejado allí.

Pero había algo que me decía que ese sobre estaba destinado para mí.

Y lo que encontré dentro…

Fue el comienzo de una historia que jamás imaginé vivir.

Pero esa historia te la contaré en el Capítulo 5.

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